In Colombia y Centroamérica el año 2026 entra marcando el fin de una era. Hemos visto cómo la automatización de tareas —ese anhelo de delegar lo repetitivo a una secuencia de comandos— se ha vuelto insuficiente. Hoy el mercado no sufre por falta de herramientas, sino por un exceso de “islas de eficiencia” que no se comunican entre sí.
Desde nuestra orilla, hemos comprendido que el verdadero reto de esta década no es hacer que las máquinas ejecuten, sino que las máquinas decidan bajo propósito.
La orquestación sobre la ejecución
Durante años, el sector se obsesionó con el RPA y los flujos lineales. Sin embargo, la realidad operativa de 2026 es sistémica, no lineal. Las organizaciones en sectores críticos como la banca y la salud no necesitan más “bots” aislados; requieren una estructura donde la infraestructura de TI sea capaz de autorregularse.
Aquí es donde la alianza entre Assist y Doqma redefine el tablero. Mientras que la consultoría tradicional se limita a la implementación de software, nuestra propuesta de valor se asienta en la Arquitectura Agéntica. No instalamos soluciones; diseñamos ecosistemas donde los Sistemas Multiagente (MAS) interactúan con la robustez de Red Hat Ansible y la visibilidad de ManageEngine.
Un agente de IA es tan eficiente como la infraestructura que lo sostiene. La diferencia entre un experimento de laboratorio y una operación de misión crítica radica en la integración.
Gobernanza Operativa: A través de nuestra experiencia con ManageEngine, transformamos el ServiceDesk en un nodo de inteligencia activa. Los incidentes ya no solo se reportan; se diagnostican y mitigan antes de que lleguen al radar del analista humano.
Soberanía Financiera (FinOps): En 2026, el despliegue de IA ha disparado los costos de computación. No es aceptable innovar a costa del margen operativo. Mediante IBM Cloudability, dotamos a las empresas de una lente de precisión para que cada ciclo de procesamiento en AWS o Azure sea una inversión justificada, no un gasto invisible.
Cultura de automatización: El software es reemplazable; la arquitectura mental, no. Nuestra labor no termina en el despliegue técnico, sino en la transferencia de capacidad hacia los equipos locales, permitiendo que el talento humano ascienda a roles de supervisión estratégica.
Competimos en un ecosistema donde gigantes globales ofrecen soluciones estandarizadas. Sin embargo, en ciudades como Bogotá, Medellín o Ciudad de Panamá, la tecnología debe hablar el lenguaje de la regulación local y la agilidad regional. Nuestra cercanía no es sólo geográfica; es técnica. Conocemos la deuda técnica de nuestras empresas y sabemos que la transición hacia la Hiperautomatización debe ser gradual, segura y, sobre todo auditable.
El futuro de la tecnología en nuestra región no será escrito por los generadores de código más veloces, sino por quienes orquestan la inteligencia teniendo en cuenta todo lo que eso implica. Nos proponemos a través de nuestro liderazgo construir infraestructuras que aprendan, decidan y perduren.

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